El precio de una vivienda y sus metros cuadrados siguen siendo determinantes para comprar o rentar un inmueble, pero existe otro costo que las familias enfrentan diariamente y que rara vez aparece en el precio anunciado: el tiempo destinado a trasladarse entre casa, trabajo, escuelas y servicios.
Una persona que utiliza una hora para llegar al trabajo y otra para regresar puede acumular alrededor de 10 horas semanales en traslados, sin considerar recorridos escolares, actividades familiares, compras y otros desplazamientos. En cuatro semanas, solamente los viajes laborales representarían aproximadamente 40 horas.
El regreso a clases vuelve particularmente visible esta dinámica debido a la coincidencia entre horarios escolares y laborales. Para el mercado inmobiliario de la Ciudad de México, el fenómeno está aumentando la relevancia de la ubicación, conectividad y cercanía con servicios como elementos asociados no solamente con la plusvalía, sino también con la calidad de vida.
El precio de una vivienda no refleja todo lo que cuesta vivir en ella
Comprar o rentar una propiedad implica considerar variables como precio, mensualidad, mantenimiento, superficie y características del inmueble.
Pero la ubicación puede generar gastos adicionales que se mantienen durante todo el periodo en que una persona habita determinada zona.
Gasolina, transporte público, estacionamientos y otros costos relacionados con movilidad forman parte de esa ecuación.
A estos desembolsos se agrega un elemento más difícil de cuantificar: el costo de oportunidad del tiempo.
Dos propiedades con características y precios diferentes pueden producir resultados distintos para las finanzas y la rutina de una familia dependiendo de la distancia existente entre la vivienda y sus principales destinos.
“Cuando se hablaba de vivienda, la conversación se concentraba principalmente en los metros cuadrados, el precio o las características del inmueble. Hoy tenemos que incorporar una variable adicional: el tiempo”, señaló Enrique Téllez, co-director de Desarrolladora del Parque.
Para el directivo, una buena ubicación puede traducirse en horas que las personas recuperan para actividades personales y familiares.
¿Cuántas horas puede representar trasladarse diariamente?
El ejemplo presentado en el documento permite dimensionar este costo.
Si una persona requiere una hora para desplazarse hacia su empleo y otra para regresar a casa, utiliza dos horas diarias exclusivamente en movilidad laboral.
En una semana laboral de cinco días, el resultado sería:
- 2 horas diarias destinadas a viajes de ida y vuelta.
- 10 horas semanales utilizadas en traslados laborales.
- Alrededor de 40 horas en cuatro semanas, sin considerar otros desplazamientos.
- A ello pueden sumarse recorridos hacia escuelas, actividades extracurriculares, comercios y servicios.
La cifra no constituye una medición general de los habitantes de la Ciudad de México, sino un ejemplo planteado en el documento para ilustrar cómo la distancia puede repercutir sobre la agenda familiar.
La diferencia es importante: el comunicado no proporciona un promedio general de tiempos de traslado en CDMX y, por tanto, no sería correcto extrapolar las 10 horas semanales a toda la población.
El regreso a clases vuelve más compleja la movilidad familiar
El inicio del ciclo escolar incrementa la coordinación necesaria dentro de los hogares.
Los horarios de entrada y salida de las escuelas pueden coincidir con las jornadas laborales, mientras que las actividades extracurriculares añaden nuevos desplazamientos.
Esto hace que la ubicación de la vivienda tenga implicaciones más allá del mercado inmobiliario.
“Cuando una familia decide dónde vivir, también está decidiendo cómo quiere vivir sus días”, explicó Ingrid Acebo, directora de Proyecto de University Tower.
De acuerdo con la directiva, reducir los tiempos de traslado puede permitir llegar antes a casa, incrementar la convivencia familiar, descansar o incorporar actividades que suelen sacrificarse por falta de tiempo.
Cercanía comienza a competir con los metros cuadrados
Esta lógica plantea una disyuntiva relevante para quienes buscan vivienda.
Un inmueble localizado a mayor distancia puede ofrecer más superficie por determinado presupuesto, mientras que otro situado en una zona central puede reducir algunos desplazamientos a cambio de otras condiciones de precio y espacio.
No existe una respuesta universal sobre cuál alternativa es financieramente superior.
La decisión depende del precio de cada propiedad, las necesidades familiares, los centros de trabajo y estudio, el costo de transporte y las posibilidades de movilidad disponibles.
Sin embargo, incorporar el tiempo de traslado como variable de decisión permite ampliar la comparación.
El costo real de una propiedad puede analizarse entonces desde dos dimensiones: cuánto dinero requiere para habitarla y cuánto tiempo exige diariamente para mantener la rutina de quienes viven en ella.
Ubicación también puede convertirse en un activo inmobiliario
Para desarrolladores y propietarios, esta modificación en las preferencias puede aumentar la relevancia económica de las zonas con mayor conectividad.
Tradicionalmente, la ubicación ha sido uno de los componentes utilizados para evaluar el potencial de plusvalía inmobiliaria.
Ahora, el argumento incorpora elementos vinculados con la vida cotidiana: proximidad con oficinas, escuelas, comercio, restaurantes, espacios culturales, servicios y diferentes alternativas de transporte.
El comunicado identifica esta tendencia mediante el concepto de “vida urbanita”, entendido como una forma de habitar la ciudad basada en la cercanía y conectividad con los lugares utilizados cotidianamente.
“Estamos viendo una valoración distinta de la ubicación. La vida urbanita responde a la necesidad de tener cerca el trabajo, los servicios, las opciones de entretenimiento y los espacios para convivir”, afirmó Téllez.
Según el directivo, la ubicación ya no responde exclusivamente a una lógica de plusvalía, sino también a factores relacionados con practicidad, bienestar y aprovechamiento del tiempo.
¿Qué revisar antes de elegir dónde vivir?
Desde una perspectiva financiera, comparar viviendas solamente mediante su precio de venta o renta puede dejar fuera gastos que aparecerán posteriormente.
Antes de tomar una decisión inmobiliaria, el análisis puede incorporar:
- Precio de compra o renta y gastos asociados al inmueble.
- Tiempo necesario para llegar al trabajo.
- Distancia hacia las escuelas utilizadas por la familia.
- Costo mensual de gasolina, transporte y estacionamiento.
- Disponibilidad de transporte público y alternativas de movilidad.
- Cercanía con supermercados, servicios médicos y otros establecimientos utilizados regularmente.
- Tiempo destinado semanalmente a los principales desplazamientos.
- Diferencias de superficie y características entre una vivienda céntrica y otra más alejada.
- Potencial de plusvalía y características particulares de la zona.
La intención no debería ser asumir que vivir en una zona central siempre representa una mejor decisión financiera, sino calcular qué alternativa responde de manera más eficiente al presupuesto y las necesidades de cada hogar.
University Tower apuesta por la vivienda sobre Paseo de la Reforma
Dentro de esta tendencia, University Tower utiliza su ubicación sobre Paseo de la Reforma como uno de los elementos centrales de su propuesta inmobiliaria.
El desarrollo plantea la proximidad entre vivienda, corredores laborales, comercio, servicios y entretenimiento como parte de su apuesta por reducir la necesidad de recorrer grandes distancias dentro de la Ciudad de México.
El proyecto forma parte del portafolio de Desarrolladora del Parque, compañía que reporta más de 20 años de actividad en la industria inmobiliaria, más de mil viviendas entregadas y más de 500 mil metros cuadrados de oficinas construidos.
El tiempo entra en la ecuación financiera de una vivienda
El regreso a clases funciona como recordatorio de un costo que permanece durante prácticamente todo el año: trasladarse también consume recursos.
Algunos pueden cuantificarse fácilmente mediante estados de cuenta o gastos de combustible. Otros, como las horas utilizadas dentro del automóvil o transporte público, requieren incorporar el concepto de costo de oportunidad.
Para el mercado inmobiliario, esta variable puede reforzar el atractivo de propiedades ubicadas cerca de centros laborales, educativos y comerciales. Para compradores y arrendatarios, implica ampliar el análisis antes de decidir dónde vivir.
Una vivienda más distante puede ofrecer más metros cuadrados o un menor precio, pero exigir mayores gastos y tiempo de traslado. Una ubicación central puede reducir parte de esos recorridos, aunque presentar otras condiciones de precio.
La decisión financiera, por tanto, no termina al comparar el valor de dos inmuebles. También requiere responder otra pregunta: ¿cuánto dinero y cuántas horas costará vivir ahí cada semana?


