Una empresa puede mostrar un saldo bancario saludable y, al mismo tiempo, estar a pocas semanas de enfrentar una presión de caja. Con el cuarto trimestre en puerta, la liquidez empresarial dependerá menos de cuánto dinero exista en las cuentas y más de la capacidad de anticipar cuándo entrarán recursos y cuándo deberán cubrirse obligaciones.
Septiembre abre una ventana para realizar ese ejercicio. Durante los últimos meses del año convergerán compromisos como aguinaldo, obligaciones fiscales, pagos a proveedores y otros gastos, además de periodos comerciales capaces de modificar inventarios y necesidades de capital de trabajo.
Liquidez y saldo disponible no son lo mismo
La gestión de tesorería requiere observar los compromisos futuros además del saldo bancario presente.
“Una empresa puede tener una posición de caja saludable hoy y enfrentar una tensión de liquidez semanas después. El problema aparece cuando Finanzas mira el saldo disponible, pero no tiene suficiente visibilidad sobre los compromisos que vienen”, afirmó Matías Umaschi, CEO y cofundador de Payana.
El directivo sostiene que la tesorería debe avanzar de una posición reactiva hacia una gestión capaz de anticipar posibles movimientos y presiones financieras.
La diferencia se vuelve relevante al aproximarse el último trimestre. Entre las obligaciones consideradas se encuentra el aguinaldo, que debe pagarse antes del 20 de diciembre y equivale, como mínimo, a 15 días de salario.
También deberán contemplarse obligaciones fiscales, cuentas por pagar y compromisos con proveedores.
Buen Fin también puede modificar el flujo de caja
Del 13 al 17 de noviembre está previsto el Buen Fin 2026, un periodo que puede alterar los flujos de ingresos, inventarios y requerimientos de capital de trabajo, dependiendo de la actividad de cada compañía.
Una mayor actividad comercial no necesariamente elimina las presiones de liquidez si los momentos de cobro y pago no coinciden.
Para construir una proyección financiera, la información suele encontrarse repartida entre bancos, sistemas contables, facturas, calendarios de pagos y responsables de diferentes áreas.
La dependencia de información desactualizada u hojas de cálculo puede generar una fotografía histórica de la compañía sin ofrecer suficiente visibilidad sobre las salidas futuras de efectivo.
Tres variables para medir la liquidez antes del cuarto trimestre
Antes de octubre, Payana recomienda poner bajo revisión tres componentes principales:
- Caja disponible y caja proyectada.
- Calendario de obligaciones laborales, fiscales y con proveedores.
- Cuentas por pagar previstas para los siguientes meses.
El cruce de estos elementos permite ubicar periodos de mayor presión y determinar qué recursos deberán priorizarse.
También permite construir escenarios frente a eventos que pueden modificar la previsión original, como un retraso en los ingresos o la aparición de un gasto no contemplado.
El tiempo se convierte en una variable financiera
“La diferencia entre una tensión de caja administrable y una urgencia financiera muchas veces es el tiempo”, aseguró Umaschi.
El CEO de Payana señaló que cuando un CFO identifica un faltante con semanas de anticipación dispone de alternativas, mientras que descubrirlo días antes de un vencimiento limita el margen de reacción.
La visibilidad financiera se convierte así en uno de los componentes de la administración de liquidez: conocer qué recursos permanecerán disponibles una vez cubiertos los compromisos y detectar posibles faltantes antes de que lleguen los vencimientos.
El cierre financiero comienza antes de diciembre
El último trimestre de 2026 pondrá a prueba la capacidad de las empresas para sincronizar ingresos, obligaciones y capital de trabajo. El saldo bancario ofrece una fotografía puntual; la gestión de liquidez exige incorporar también los movimientos que todavía no ocurren. Para los equipos financieros y CFO, septiembre representa una oportunidad para identificar tensiones con suficiente anticipación y entrar al cierre anual con un margen de decisión mayor.


