lunes, octubre 12, 2026
banner

Saber cuánto se movió un edificio durante un sismo y contar con datos para determinar si su comportamiento se mantuvo dentro de los parámetros esperados ya es posible mediante sistemas de monitoreo de salud estructural. La tecnología utiliza dispositivos como acelerógrafos y sismógrafos instalados en distintos puntos de una construcción para registrar su respuesta durante un movimiento y proporcionar información cuantitativa para su posterior evaluación.

La herramienta incorpora una nueva capa a la gestión de riesgos inmobiliarios: la percepción de cuánto se movió una torre o una inspección visual inicial no necesariamente proporcionan información suficiente para determinar sus condiciones. En una ciudad como la CDMX, donde las características del subsuelo pueden modificar la manera en que las ondas sísmicas afectan las construcciones, disponer de datos puede ayudar a especialistas a identificar cuándo se requiere una evaluación más profunda.

¿Cómo funciona el monitoreo de salud estructural?

Los dispositivos instalados dentro de una estructura registran su comportamiento durante el movimiento.

Posteriormente, especialistas pueden analizar esa información para conocer aspectos como los desplazamientos experimentados por el inmueble.

“El monitoreo de la salud estructural nos da un indicador cuantitativo del comportamiento que pudo haber tenido una estructura después de un sismo. Podemos conocer cuánto se desplazó el edificio y determinar, a partir de esa información, si se mantuvo dentro de los parámetros esperados o si se requiere una evaluación mayor”, explicó Esteban Astudillo, responsable del diseño estructural de University Tower.

El monitoreo no sustituye la inspección ni el criterio profesional. Su función es complementarlos con información registrada directamente durante el evento.

El documento señala que algunos edificios de la Ciudad de México ya están instrumentados con este tipo de dispositivos y que, para determinadas edificaciones, el monitoreo se encuentra previsto en la normativa.

LEE: Más de la mitad de las áreas legales en México aún gestiona contratos sin software especializado

El subsuelo de CDMX cambia el comportamiento de los edificios

Uno de los factores que incrementan la relevancia de esta tecnología es la diversidad del suelo de la capital.

En las zonas de suelos blandos, las ondas sísmicas pueden amplificarse. La manera en que finalmente afectan a un inmueble depende, entre otros factores, de su configuración estructural y cimentación.

La ingeniería no solamente ha avanzado en el diseño de edificios frente a distintos escenarios. También ha incrementado su capacidad para registrar qué sucede durante el movimiento y convertir esos registros en información que pueda analizarse posteriormente.

Esto permite separar dos conceptos que frecuentemente se confunden: movimiento y daño.

Que un edificio se mueva no significa necesariamente que esté dañado

Sentir un desplazamiento considerable durante un sismo no implica automáticamente que exista daño estructural.

Las edificaciones se diseñan considerando determinados desplazamientos y deformaciones. Establecer si esos movimientos afectaron su integridad requiere una valoración especializada.

La misma precaución aplica en sentido contrario: que un edificio haya resistido otros terremotos tampoco permite concluir automáticamente que conserva las mismas condiciones.

Astudillo recordó que la experiencia de 2017 mostró que haber superado el terremoto de 1985 no era suficiente para asumir que una estructura continuaba siendo segura.

Edificios antiguos agregan otro reto a la gestión del riesgo

La Ciudad de México tiene construcciones desarrolladas bajo distintas generaciones de conocimiento técnico y regulación.

Los sismos de 1985 y 2017 impulsaron cambios en la manera de analizar las estructuras, mientras los avances posteriores incorporaron modelos más detallados, materiales de mayor desempeño y nuevas tecnologías.

“Uno de los retos que tenemos como ciudad también está en los edificios que no son recientes y que fueron construidos con el conocimiento y las normas disponibles en otra época”, señaló Astudillo.

Entre los elementos que deben considerarse al evaluar un inmueble se encuentran:

  • Antigüedad del edificio.
  • Normativa existente cuando fue construido.
  • Remodelaciones realizadas.
  • Intervenciones o reparaciones.
  • Condiciones actuales del inmueble.
  • Comportamiento registrado durante eventos sísmicos.
  • Mantenimiento y evaluaciones efectuadas durante su vida útil.

Tecnología sísmica llega a las nuevas torres

El comunicado utiliza como ejemplo a University Tower, proyecto residencial ubicado en Paseo de la Reforma.

De acuerdo con la información proporcionada, su sistema estructural incorpora un núcleo central de concreto reforzado, marcos rígidos y anillos de rigidez.

Cuenta además con 45 metros de subestructura y una cimentación que alcanza 75 metros de profundidad.

Durante su diseño se utilizaron modelos para analizar la respuesta de la construcción frente a diferentes señales sísmicas, concretos de alta resistencia y un sistema de masa ubicado en la parte superior para contribuir al comportamiento frente a movimientos laterales.

Los datos no sustituyen la prevención

El desarrollo de sensores, modelos estructurales y sistemas de monitoreo permite obtener información que anteriormente era más difícil registrar directamente durante un terremoto. Sin embargo, los datos no eliminan la necesidad de inspecciones, mantenimiento, protocolos de evacuación y evaluaciones especializadas. Para el sector inmobiliario, la evolución tecnológica abre la posibilidad de gestionar el riesgo estructural con información cuantitativa, pero su utilidad dependerá de que esos registros se acompañen de análisis profesional y una cultura permanente de prevención.

Top Selling Multipurpose WP Theme
banner