lunes, octubre 12, 2026
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La competitividad económica de los estados mexicanos no depende de una sola fórmula. Después de dos décadas de medición, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) identifica una combinación que se repite entre las entidades con mejor desempeño: empleo formal, talento calificado, infraestructura, sofisticación productiva y capacidad para atraer inversión.

En la edición 2026 del Índice de Competitividad Estatal (ICE), el organismo analiza las 32 entidades mediante 53 indicadores agrupados en seis subíndices. Al celebrar 20 años de la publicación, el IMCO reconoció la trayectoria de Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Ciudad de México, Coahuila, Jalisco, Nuevo León, Querétaro y Sonora por las fortalezas competitivas desarrolladas durante este periodo.

Los resultados también exponen desequilibrios que condicionan el crecimiento regional: la informalidad laboral permanece en 54.6%, los ingresos propios representan apenas 13.8% de los ingresos estatales en promedio y el crecimiento del empleo registrado ante el IMSS pasó de 0.4% a -0.9%.

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¿Qué hace competitivo a un estado en México?

El ICE 2026 lleva por título “Los pilares de la nueva economía” y pone especial atención en infraestructura y talento, dos capacidades que el IMCO considera esenciales ante el desarrollo de la inteligencia artificial y los cambios en la geoeconomía.

La experiencia acumulada durante dos décadas muestra, según el instituto, que las entidades han seguido rutas diferentes de acuerdo con sus propias ventajas productivas.

Mientras Chihuahua, Baja California y Coahuila destacan por su exposición a las exportaciones y las cadenas productivas de América del Norte, Ciudad de México sobresale por talento y educación superior; Nuevo León, por la complejidad de sus sectores de innovación; y Jalisco, por la diversificación de su economía y capacidad innovadora.

Querétaro, por su parte, combina las industrias automotriz y aeroespacial con el crecimiento de los centros de datos, mientras Baja California Sur ha construido parte de su competitividad alrededor del turismo.

Chihuahua y Baja California muestran el peso de las exportaciones

Entre las cifras más relevantes se encuentra el grado de apertura de algunas economías estatales.

En Chihuahua, las exportaciones representan 108% de su PIB en 2026, impulsadas particularmente por productos electrónicos y computadoras. El estado ha mantenido durante dos décadas una posición destacada en este indicador.

En Baja California, las exportaciones equivalen a 78.6% del PIB estatal, acompañadas por una presencia sostenida de inversión extranjera.

Coahuila mantiene igualmente una fuerte integración manufacturera, especialmente alrededor de la industria automotriz, y durante los últimos 20 años se ha colocado en segundo lugar en exportaciones como proporción del PIB, de acuerdo con la información presentada por el IMCO.

Estos casos muestran el peso que la integración productiva internacional puede alcanzar en las economías estatales, aunque el organismo también identifica otras rutas hacia la competitividad.

Formalidad laboral marca diferencias entre estados

Uno de los patrones detectados por el IMCO es la relación entre competitividad y formalidad laboral.

Nuevo León y Coahuila presentan tasas de informalidad cercanas a 33%, considerablemente inferiores al promedio estatal de 54.6%.

La diferencia resulta relevante para las finanzas de trabajadores, empresas y gobiernos. El empleo formal está asociado con acceso a seguridad social y prestaciones, mientras que para las entidades una mayor formalización amplía la actividad económica registrada.

El reto nacional permanece abierto. Aunque 26 estados incrementaron la proporción de habitantes con educación superior y 30 mejoraron sus niveles de escolaridad, únicamente cinco entidades consiguieron elevar el crecimiento del empleo registrado ante el IMSS.

El promedio de crecimiento pasó de 0.4% a -0.9%, según los resultados presentados.

Más educación todavía no garantiza más empleo formal

La formación de talento constituye otro diferenciador.

En Ciudad de México, Querétaro, Nuevo León, Coahuila y Baja California Sur, un promedio de 35.3% de la población adulta cuenta con educación superior, frente al 27.1% del promedio estatal.

Estas entidades también alcanzan un promedio de 11.2 años de escolaridad, comparado con 10.1 años a escala estatal.

El contraste con la evolución del empleo formal revela uno de los principales desafíos señalados por el IMCO: convertir las mejoras educativas en oportunidades laborales registradas.

El problema no consiste únicamente en incrementar el número de personas con educación superior, sino en desarrollar mercados capaces de absorber ese talento en actividades productivas formales.

Tres claves que están transformando la competitividad estatal

Los resultados del ICE permiten identificar diferentes características entre las economías que han avanzado o mantenido fortalezas competitivas:

  • Formalización: Nuevo León y Coahuila registran niveles de informalidad cercanos a 33%, frente a un promedio estatal de 54.6%.
  • Capital humano: cinco entidades destacadas promedian 35.3% de adultos con educación superior y 11.2 años de escolaridad.
  • Sofisticación productiva: Quintana Roo, Nayarit y Campeche incrementaron entre 12.7 y 26.9 puntos su índice de complejidad económica en sectores de innovación.

Para el IMCO, desarrollar actividades de mayor valor agregado representa una de las rutas disponibles para elevar la competitividad.

Estados generan solo 13.8% de sus ingresos

La capacidad fiscal de los gobiernos estatales aparece como uno de los mayores pendientes.

En promedio, los ingresos propios representan apenas 13.8% de los ingresos estatales, lo que mantiene una elevada dependencia de las transferencias provenientes de la Federación.

La limitada recaudación local restringe, según el IMCO, los recursos disponibles para financiar infraestructura, servicios públicos y formación de talento.

Esta variable conecta directamente las finanzas públicas con la competitividad. Las entidades necesitan recursos para sostener inversiones que mejoren su atractivo empresarial, pero al mismo tiempo mantienen un margen reducido de ingresos generados directamente.

Seguridad sigue condicionando el entorno económico

Otro desafío es transformar las mejoras en determinados indicadores de seguridad en una mayor percepción de confianza.

Aunque 29 estados redujeron su tasa de homicidios, solamente 27.4% de la población adulta se siente segura y la cifra negra —delitos que no se denuncian o para los cuales no se inicia una carpeta de investigación— alcanza 92.9%, de acuerdo con los datos presentados por el IMCO.

El organismo incluye la fortaleza institucional entre los componentes que permiten construir ecosistemas competitivos, junto con talento, infraestructura, empleo formal y sofisticación económica.

Competitividad: una ventaja que tarda años en construirse

Los 20 años de seguimiento del ICE muestran que las ventajas económicas estatales tienden a acumularse. Exportaciones, inversión, formación de talento, infraestructura y formalización requieren periodos prolongados para consolidarse.

“Espero que este reconocimiento sirva también como un llamado a mantener la mirada en el largo plazo. Los avances que verdaderamente transforman a los estados requieren continuidad, evaluación y decisiones que no siempre ofrecen resultados inmediatos”, señaló Valeria Moy, directora general del IMCO.

La lectura financiera del ICE 2026 deja una diferencia importante entre las entidades: atraer inversión no depende exclusivamente de incentivos o ubicación geográfica. Los estados capaces de combinar talento, empleo formal, infraestructura, especialización productiva e instituciones funcionales acumulan condiciones que pueden reforzarse entre sí. El reto está en cerrar las brechas que todavía frenan esa dinámica: informalidad superior a la mitad del mercado laboral, bajo crecimiento del empleo formal y una capacidad fiscal estatal que continúa dependiendo ampliamente de los recursos federales.

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