La demanda mundial de energía aumentó 1.7% en 2025 y todas las fuentes energéticas registraron crecimiento simultáneamente, un escenario que está modificando las decisiones de inversión de empresas y gobiernos. En lugar de una transición uniforme hacia tecnologías bajas en emisiones, el mercado muestra trayectorias distintas entre regiones, con la seguridad energética, los costos y la geopolítica ganando peso en las decisiones financieras.
El análisis de Javier Mundo, Socio Líder de Energía y Recursos Naturales de KPMG México, plantea que la transición energética se desarrolla de manera fragmentada: mientras avanzan las energías renovables y otras tecnologías, también se fortalece el papel del gas natural, cambia la geografía de la producción petrolera y aumenta la competencia entre países por asegurar energía y ventajas industriales.
Para las empresas, el escenario modifica la forma de evaluar proyectos. KPMG identifica la resiliencia energética no solamente como una necesidad operativa, sino como una prioridad financiera que debe incorporarse a las estrategias de inversión y administración de riesgos.
La transición energética deja de seguir una sola trayectoria
El aumento de la demanda, las tensiones geopolíticas y la competencia por asegurar suministros están generando diferencias cada vez mayores entre mercados.
De acuerdo con el análisis, las economías de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y los mercados emergentes están otorgando mayor importancia a tres variables: crecimiento económico, asequibilidad y seguridad energética.
El resultado es una mayor diversificación de fuentes y avances desiguales entre tecnologías y combustibles.
La demanda energética mundial creció 1.7% durante 2025 y todas las formas de energía aumentaron simultáneamente, según datos retomados del 2026 Statistical Review of World Energy.
Este comportamiento cuestiona una sustitución lineal de combustibles. En diferentes regiones pueden crecer simultáneamente renovables, gas, petróleo y otras tecnologías conforme cada economía responde a sus necesidades de demanda y suministro.
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Gas natural gana espacio como activo estratégico
Uno de los cambios identificados por KPMG es el papel del gas natural y del gas natural licuado (LNG).
El análisis sostiene que su capacidad para complementar a las energías renovables, responder con flexibilidad a cambios en la demanda y diversificar las fuentes de abastecimiento ha fortalecido su posición dentro de los planes energéticos de diferentes economías.
De esta manera, el gas deja de analizarse exclusivamente como un combustible temporal dentro de la transición.
“Más allá de su tradicional papel como combustible de transición, el gas natural seguirá ocupando un lugar central en la evolución del sistema energético mundial durante las próximas décadas”, plantea el artículo firmado por Javier Mundo.
Desde una perspectiva financiera, la permanencia de esta fuente amplía el horizonte que empresas e inversionistas deben considerar al evaluar infraestructura energética y seguridad de suministro.
América gana peso en el mercado mundial de petróleo
El petróleo también experimenta un cambio geográfico.
KPMG identifica un desplazamiento del centro de gravedad de la oferta hacia América, impulsado por la revolución del shale oil en Estados Unidos, el crecimiento de Brasil y la incorporación de nueva capacidad productiva en Guyana.
La producción conjunta de América del Norte, Centroamérica y América del Sur supera actualmente a la de Medio Oriente, de acuerdo con el documento.
Esta diversificación ha contribuido, según el análisis, a reducir la capacidad de la OPEP para influir en los precios y ha incrementado la resiliencia del sistema ante interrupciones concentradas en una sola región.
Además, se espera que América continúe como uno de los principales motores del crecimiento de la oferta fuera de la OPEP+.
El cambio resulta relevante para empresas expuestas a los precios de la energía, cadenas industriales intensivas en combustibles y compañías que necesitan asegurar suministro a largo plazo.
Resiliencia energética se convierte en una decisión financiera
El escenario obliga a modificar la manera en que las organizaciones construyen sus estrategias.
El 2026 Statistical Review of World Energy, retomado por KPMG, identifica cinco prioridades:
- Reconstruir la estrategia energética con una perspectiva regional, en lugar de asumir una trayectoria mundial homogénea.
- Convertir la resiliencia energética en una prioridad financiera, además de operativa.
- Analizar la cadena de suministro más allá del primer nivel de proveedores.
- Invertir en tecnologías que ya cuentan con impulso comercial.
- Desarrollar planes de transición que puedan ejecutarse y sostenerse frente a inversionistas y otras partes interesadas.
La perspectiva regional cobra importancia porque una tecnología económicamente viable en un mercado puede enfrentar condiciones diferentes en otro debido a regulación, disponibilidad de recursos, infraestructura o seguridad de suministro.
Geopolítica entra a la evaluación de inversiones
La fragmentación del mercado energético incorpora nuevas variables al análisis financiero de los proyectos.
La disponibilidad de energía, estabilidad de proveedores y exposición de las cadenas de suministro pueden afectar costos y continuidad operativa. Para empresas industriales, manufactureras y de servicios intensivos en energía, estos factores pueden convertirse en componentes de su estructura financiera.
KPMG plantea que comprender la cadena de suministro más allá de los proveedores directos será una de las prioridades empresariales.
El análisis también advierte que las trayectorias de emisiones se están desviando de las rutas alineadas con el Acuerdo de París, mientras distintas tecnologías avanzan simultáneamente.
Esto introduce una tensión adicional para las compañías: equilibrar compromisos de descarbonización con disponibilidad, costo y confiabilidad de la energía.
¿Dónde invertir ante una transición energética fragmentada?
El documento no identifica una tecnología específica como la alternativa que ofrecerá mayores rendimientos ni establece una recomendación de inversión financiera.
Su planteamiento se concentra en modificar el enfoque con el que las organizaciones evalúan su estrategia energética.
La coexistencia de renovables, gas, petróleo y otras tecnologías implica que las decisiones dependerán cada vez más de las condiciones particulares de cada mercado.
El crecimiento de 1.7% de la demanda energética mundial confirma que la discusión empresarial no se limita a determinar qué fuente sustituirá a otra. El reto está en atender una demanda creciente mientras cambian simultáneamente regulación, geopolítica, cadenas de suministro y objetivos climáticos.
Para las compañías, la consecuencia financiera es relevante: la energía deja de ser solamente un costo operativo para convertirse en una variable de inversión, continuidad y administración de riesgos. En un mercado fragmentado, la capacidad de asegurar suministro, diversificar proveedores y seleccionar tecnologías comercialmente viables puede pesar tanto como el precio inmediato de la energía al definir la competitividad de largo plazo.


