La auditoría comienza a ampliar su función dentro de las empresas: de revisar controles y detectar desviaciones ocurridas a proporcionar información capaz de anticipar riesgos, evaluar escenarios e identificar oportunidades de eficiencia. La digitalización y la creciente interconexión de los procesos están detrás de una transformación que también alcanza a la toma de decisiones.
El cambio parte de una condición concreta: los riesgos empresariales pueden evolucionar más rápido que las regulaciones. Una compañía podría encontrarse formalmente en cumplimiento y conservar, al mismo tiempo, exposiciones operativas.
El límite de mirar únicamente lo que ya ocurrió
La auditoría tradicional mantiene un componente retrospectivo que permite verificar controles y detectar incumplimientos. Sin embargo, Francisco Zaragoza, Socio Líder de Auditoría en las Oficinas Querétaro y Puebla de KPMG México, considera que las condiciones actuales requieren ampliar ese alcance.
Los nuevos modelos de negocio, la digitalización y la interconexión de procesos han cambiado la forma en que las compañías generan, procesan y administran sus riesgos.
Por ello, Zaragoza sostiene que limitar la auditoría a comprobar marcos normativos puede dejar fuera vulnerabilidades relacionadas directamente con el funcionamiento del negocio.
“El valor ya no radica en documentar desviaciones, sino en generar entendimiento”, señala el especialista.
Su planteamiento incorpora la identificación de tendencias, la evaluación de impactos potenciales y la generación de información que permita anticipar determinados riesgos.
Cumplimiento como parte de la eficiencia empresarial
El cumplimiento ha sido tratado tradicionalmente como una obligación operativa. La propuesta analizada por Zaragoza apunta a integrarlo con mayor profundidad dentro de los procesos empresariales.
Las organizaciones que incorporan estos controles a su operación pueden fortalecer procesos y transparencia, así como generar confianza entre diferentes grupos de interés.
La auditoría también puede identificar oportunidades de mejora mediante el análisis detallado de los procesos.
Entre las funciones que adquieren mayor peso destacan:
- Identificación de riesgos y vulnerabilidades.
- Análisis de tendencias e impactos potenciales.
- Detección de oportunidades para mejorar procesos.
- Generación de información para la toma de decisiones.
- Anticipación de escenarios que puedan afectar la operación.
De esta manera, la función deja de estar exclusivamente vinculada con la detección de errores o incumplimientos y amplía su participación dentro de la gestión empresarial.
IA y ciberseguridad amplían el mapa de riesgos
La transformación tecnológica introduce riesgos que requieren mecanismos de revisión diferentes a los utilizados en escenarios más estables.
El documento identifica tres áreas particularmente relevantes: ataques cibernéticos, gobierno de datos e inteligencia artificial.
Estos elementos pueden afectar procesos que atraviesan diferentes departamentos y sistemas dentro de una organización, lo que incrementa la complejidad de evaluar sus posibles impactos.
Para Zaragoza, la auditoría puede participar en la anticipación de escenarios y ayudar a preparar a las compañías para responder de manera más efectiva.
De proceso técnico a fuente de información
Una auditoría que incorpora información continua sobre procesos y riesgos puede aportar elementos para comprender mejor la operación y evaluar escenarios antes de tomar decisiones.
Zaragoza considera que, bajo estas condiciones, su contribución deja de limitarse al ámbito técnico y adquiere un carácter estratégico.
La reputación y la credibilidad también forman parte de esta ecuación. El análisis sostiene que ambas tienen impacto sobre el desempeño empresarial, por lo que la transparencia derivada de los mecanismos de cumplimiento puede adquirir relevancia más allá de las obligaciones regulatorias.
Una auditoría diseñada para riesgos que todavía no ocurren
La velocidad con la que evolucionan la inteligencia artificial, la gestión de datos y las amenazas cibernéticas está obligando a las organizaciones a revisar cómo identifican sus vulnerabilidades. El desafío para la auditoría será conservar la disciplina del cumplimiento y, simultáneamente, generar información útil sobre escenarios futuros. Si consigue integrar ambas funciones, su participación dentro de las empresas puede desplazarse de una revisión centrada en el pasado hacia una herramienta de eficiencia y gestión preventiva del riesgo.


